Qué hacer para ahorrar dinero

Quieres esto, deseas aquello, te debes contener con lo otro, fíjate en las cuentas, planea a priori y mucho más. Vivimos en un mundo donde el dinero cuenta, por más que no seas materialista ni te apegues a estas cuestiones ¿No deseamos mejorar la casa? Dinero ¿Cambiar el auto? Dinero ¿Viajar? Y si nos proponemos cuestiones pequeñas como un simple libro o un helado la ecuación siempre será la misma. Naturalmente en tamaña coyuntura la persona ahorrativa sacará distancia, años luz, de aquel que tiene una billetera fácil. Para darte una pequeña ayuda, te presentamos qué hacer para ahorrar dinero. Una buena cantidad de consejos útiles, algunos curiosos e insospechados para cumplir con este cometido ¡No te pierdas la nota!

Siempre observamos con admiración a esa persona que siempre tiene con qué sin parecer excesivamente preocupado por el contante y sonante. Da aquí, se divierte, posee sus gustos, no le falta nada y siempre cuando sepulta sus  manos en los bolsillos algo eclosiona ¿Cómo hace? Porque claramente no es un individuo perdido en la compra y venta, el la existencia abocada solo a lo crematístico, tan mal visto en otras culturas; pero mucho menos alguien que dilapida, un despilfarrador. Señores, ese ser es un ahorrador.

¿Una ciencia abstrusa? ¿Un conocimiento para seleccionados o sumamente complejo? Para nada; solo alguien atento, comedido, reconocedor de sus límites económicos y anhelos. En definitiva, la persona que ahorra posee un espíritu de atención a todo lo atinente al bolsillo muy peculiar.

Con lo pequeño se hacen grandes cosas, por eso aquí emplazaremos sugerencias o métodos sumamente fáciles, algunos a tal punto que te preguntarás por qué no lo habías realizado antes. Como siempre anunciamos: no somos exclusivos ni excluyentes; tú puedes añadir miles de formas y compartirlas. Dicho eso, manos a la obra.

Qué hacer para ahorrar dinero

Anota tus gastos: Vamos a suponer que quieres ahorrar, pero claramente no sabes cómo. De algún modo, entonces, debes averiguar las maneras en la que se va, como agua, el dinero. El mejor paso para convertirte en este flamante ser es anotar cada uno de los gastos, la clase de productos, servicios o cosas,  deslindarlo, observar los modos de pago que utilizamos ¿Fue al contado y en su totalidad? ¿Utilizamos cuotas? ¿Con cuánto interés? ¿Lo descontaron de alguna cuenta bancaria? Siempre es bueno seguir la rutina del dinero, más si es el nuestro. Digamos que es una especie de diagnóstico de la coyuntura.

Qué es prescindible y qué no: La ecuación es muy sencilla: si quieres ahorrar y los ingresos son los mismos aún, no te queda otra más que eludir ciertos gastos. Una vez hecho el diagnóstico, sigue la práctica. ¿Qué se puede prescindir? ¿Una marca más barata da la misma calidad? ¿Compramos excesivamente de un producto que atiborramos? ¿Debemos retroceder aunque sea en asiduidad sobre algún servicio? ¿Comer afuera siempre? Bueno, en rigor de verdad el campo puede ser infinito. Lo importante es que deslindes lo prescindible de lo que realmente no es.

Lo prescindible no es un adiós absoluto: Estamos hablando de una economía de iguales ingresos y la necesidad de poseer ahorros, no una de cariz de guerra. A lo que vamos con eso es muy simple: lo prescindible no quiere decir un adiós definitivo. Seguramente lo que más molesta e impide que el sujeto se vuelva ahorrativo es la sensación de pérdida, el coste de oportunidad que implica guardarse un poco de liquidez. Sin embargo, lo repetimos: esto no debe ser para siempre. Es más: puedes manejar la asiduidad de lo prohibido, rotar las limitaciones para que no recaigan siempre en el mismo servicio o producto, entre otras cuestiones. Sí, hay sacraficio, aunque es mínimo si lo cavilamos bien.

Págate a ti mismo: Aquí el lector puede sentir una contradicción “¿Me estás diciendo que corte gastos para darme placeres a mí?”. No precisamente. La idea no es desarrollar un desenfreno egoista, sino simplemente entenderse como sujeto ahorrador: nosotros somos la propia entidad bancaria o depositaria. En ese sentido, así como saldamos deudas con variopintos acreedores, tengamos la costumbre, por lo menos una vez al mes, de guardarnos un pequeño monto. Ese es el famoso ahorro, el dinero que sale de la sempiterna circulación.  No importa si es en distintos días e incluso si las cantidades se modifican. Lo importante es progresar en lo guardado, siempre dependiendo, claro está, del objetivo de semejante accionar.

Salda tus deudas: Es importante no solo reconocer dónde gastamos, sino en aquellas cosas o servicios con los que lo hacemos asiduamente. Un buen ahorrador necesita tener sus cuentas claras y eso equivale a saldar cualquier deuda porque es dinero que podría ir a sus arcas (más si eclosionan intereses). Hablamos de un tipo de sujeto no enfermo por el dinero, pero sí atento, inteligente al respecto.

Motívate con un objetivo: Si tuviéramos que confeccionar un manual del ahorrador, luego del sacrificio como motivo negativo para no ser así le sigue en no hallar un propósito. El famoso para qué sí tiene que poseer respuesta. A veces, en ese sentido, trabajamos mejor cuando los objetivos son inmediatos, se palpan, se sienten y, sobre todo, se disfrutan ¿Ahorrar…para un viaje? Sí: es algo hermoso, unifica familias, llena de recuerdos, nos da conocimientos, placer, experiencias. Bueno: tú piensas y eliges al respecto; eres el diseñador de aquellos cometidos. Lo importante es siempre crear alguno nuevo, así no se corta esta forma de ser especial.

Que la funda de tu tarjeta o en tu billetera haya un cuadro limitador: Sí, queríamos empezar, querido lector, con esos consejos raros que no cualquiera te da. Si queremos ser ahorradores y nos cuesta, porque tenemos la manía de comprar tonterías o siempre llevarnos algo, es bueno rememorar a cada instante el objetivo ahorrador. En ese sentido, como efecto psicológico, no viene mal una sucinta anotación del porqué de semejantes actitudes sobrias. Ponla en la funda de la billetera, cerca de las tarjetas o el dinero. Eso es bueno para que, si caemos en la tentación, no le echemos la culpa a nadie más que a uno.

Aurisculares y mucho chicle en sitios de compras: Si ya sabes tus manías, es mejor reforzar defensas para evitarlas. Puede parecer muy loco lo que decimos, pero siempre hay un aroma, un letrero, una imagen, un color que te lleva al objeto o servicio que debes evitar. Creénos: así como hay consejos para administrar dinero, existe toda una ciencia para hacertelo gastar. El chicle por ejemplo sacia, así que evitarás todo lo comestible; los auriculares aíslan y con eso la visión puede verse liberada o incluso llegar a vislumbrar sin tomar conciencia de que frente a nosotros está el objeto prohibido.

Cavila tus costos en términos de trabajo: Estamos hablando de una persona que quiere ser ahorradora, no usurera ni sumamente timorata con darse placeres en la vida. No, ni remotamente. Pero si queremos ser lo primero, siempre existen trucos para no caer en diversas tentaciones. Por ejemplo, toma esa remera que tanto te encanta y está por hacerte patinar en tus propósitos, luego fija tu mirada en su precio y piensa cuánto trabajo te cuesta eso o, mejor, cuán lejos quedarás del cometido del ahorro. Es una manera para persistir, claro está.

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