Qué hacer para dejar de fumar

El ser humano tiene un sinnúmero de adicciones. Y eso puede sonar un tanto fuerte porque por lo general semejante vocablo lo esgrimimos de manera peyorativa. Hay gente que lee mucho, otros que corren, cantan, bailan, se inmiscuyen en los juegos virtuales, comen y así podemos seguir. Sin embargo, cuando ese deseo irrefrenable está vinculado, engarzado con algo sumamente dañino para el organismo tenemos un serio problema. Esa es la realidad, por decirlo de algún modo, de aquellas personas que fuman. Sin embargo, muchos se percatan ante evidencias fisiológicas, ejemplos de terceros e información que el camino es lóbrego, pero no saben cómo dejarlo. Aquí, en consonancia, te presentamos qué hacer para abandonar el cigarrillo. Una data más que útil ¡No te pierdas la nota!

MADRID. 16-12-09. FOTO DE DIPUTADOS FUMANDO EN EL EXTERIOR DEL CONGRESO. FOTO: JOSE RAMON LADRA

“A la vida hay que agotarla”, suelen decir algunos. “No ganas nada con poseer un cadáver bello”, profieren otros. Perfecto, nadie duda que ese hedonismo es bienvenido y que hay que anhelar, buscar, alcanzar y disfrutar toda clase de felicidad ¿Pero a cualquier precio? No, realmente, ya que hay placeres que a la corta o larga son funestos y terminan socavando su misma condición de posibilidad.

Aproximadamente, aunque no se crea, mil millones de personas caen bajo los mandatos encantadores (es una ironía) del cigarrillo en todo el mundo. Lo consumen, lo gozan; pero se vuelven adictos a un producto sumamente nocivo para el organismo. Pero claro: las publicidades siguen demostrando lo muy adorado que serás si fumas, siempre apegado a una notoriedad estética.

La siguiente nota no intenta ser una descripción de los males que genera el tabaco, sino una especie de retahíla, pequeña lista de consejos para que justamente lo dejes. Sabemos que estas decisiones conllevan un gran esfuerzo, están pletóricas de altibajos y caminos tortuosos; aunque todo eso no oblitera la necesidad de abandonar un hábito nocivo. Como siempre anunciamos, no hay exclusividad en estas cuestiones, así que cada lector puede añadir sus métodos. Dicho eso, manos a la obra.

Qué hacer para dejar de fumar

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Pon una fecha límite: El hombre está lleno de decisiones, voluntades, hechos potenciales que nunca llegan a buen puerto ¿Y eso por qué? Porque pensarlo es fácil, incluso anunciarlo con voz orgullosa; pero cumplirlo es sumamente difícil. Ni hablar cuando tocamos el tópico escarpado de las adicciones. Sin embargo, es bueno ponerse una fecha para cortar con esta rutina perjudicial. Es más: el hecho de escribirlo, de contarlo a seres que nos van a ayudar, sobre todo profesionales, hace que la problemática tenga realidad, materialidad y que sea muy difícil soslayar. Ergo, podemos aseverar que es un eximio primer paso.

Busca apoyo: De algún modo lo anunciamos al inicio, pero no es malo repetirse (siempre hay algo digno de pensarse). Estas decisiones y tránsitos pedregosos son más que difíciles. A veces, ante la tortuosidad del derrotero abandonamos; sentimos que nuestras fuerzas son exiguas ante el esplendor de la empresa. Ahí estriba, por lo tanto, la sustantividad de que sepan tus seres queridos: amigos y familiares. Ellos sabrán contenerte en los momentos difíciles (que sin lugar a dudas habrá) y también te estimularán en los buenos y las siempre existentes mesetas. Así que nada de orgullo, mucho menos de reflexionarse como hacedor de todo. Cedamos a nuestra gente.

Elimina al cigarrillo y lo que te recuerde su existencia: En estas cuestiones hay que comprender una realidad elemental: el cigarrillo es el meollo del entuerto, pero no la problemática en sí misma o única ¿Qué queremos decir? Que hay todo un entorno que recuerda semejante hábito negativo. Ergo, deshazte de los ceniceros, cigarrillos; abandona a los amigos que te llevaban por ese camino si no entienden tus modificaciones; no frecuentes los sitios que tanto te recuerdan esas jornadas de tabaco y descontrol.

Comprende tu patología: La adicción es patológica porque hablamos de un deseo irrefrenable que en su constante cumplimiento deviene en deterioro del organismo. Algo muy simple. El abandono del cigarrillo tiene consecuencias fisiológicas, psicológicas (puede darte insomnio, por ejemplo) y sobre todo sociales (se liga con lo anteriormente dicho). Siempre es bueno conocer a ciencia cierta el enemigo que enfrentamos y el duro camino que nos queda por recorrer, más allá que éste dependerá de los años y frecuencia de fumar.

Nada de permitidos: Hay una tendencia a la modificación o cambio paulatino. “No, no lo puedo dejar todo; pero lo iré reduciendo”. Bueno: la mayoría de los especialistas cuentan que esto casi nunca sirve y que los consumidores terminan cayendo de nuevo en la rutina de fumar ¿Se imaginan a una persona diciendo que para dejar heroína debe consumir menos? Si bien las comparaciones entre estupefacientes no es grata ni sencilla, hay que comprender que lo malo siempre deviene en malo por más que se disminuya la dosis. Con esto no queremos decir que sea una verdad absoluta que este método no sirve, pero pocos lo recomiendan.

Analiza los intentos fallidos: Puede acaecer que hayamos intentado una, dos o cientos de veces abandonar el cigarrillo, con el resultado negativo de no dejarlo ¿A qué se debe? ¿Por qué fracasamos siempre? Bueno: esos interrogantes deberán ser respondidos por la persona que se encauza en esta travesía saludable. Es bueno, entonces, pensar sobre cualquier conato, en qué se falló y aprender, naturalmente. Tal vez hay una rutina que hace imposible el abandono del tabaco, personas que nos agobian con sus excesos, recuerdos que nos llevan a análogos desenlaces infaustos o mil situaciones más que no contemplamos bien.

No busques excusas para dejar de fumar: Hay una enorme tendencia de ciertas personas a esperar el momento “adecuado”. Entonces lo aguardan, al mejor estilo del maná de la Biblia. No: hay que aprender, al contrario, que ese momento uno lo genera con su decisión, sus baterías de certezas y, sobre todo, el accionar concomitante. No encuentres excusas en el mal tiempo, en las compañías, el trabajo, la alimentación, tu familia, ascendencia, carta astral o lo que sea. El ser humano está infinitamente determinado, no lo vamos a dudar; pero en algún punto tiene libertad para decir basta.

Ve día a día: Hablamos de una modificación de hábito muchas veces costosa para la persona que lo enfrenta, llena de idas y vueltas como mencionamos. Ante esa tesitura, lo mejor es ir paso a paso. No nos podemos dar el lujo de arreglar y cavilar sobre metas lejanas, tan inasibles que casi no se vislumbran más que con los ojos del deseo. No, mucha agua debe correr aún bajo el puente. Lo mejor siempre son los cometidos cortos, el escalar despacio, el ir poco a poco sabiendo, siempre, que se progresa. Porque sin lugar a dudas es lo último lo que nunca debemos resignar y lo que siempre nos tiene que otorgar seguridad: que se avanza.

Utiliza ayuda profesional: Si la contención de amigos y familiares no basta, incluso con buenos ejemplos análogos de vida, siempre es positivo recurrir a un profesional. Ellos saben, conocen de las mañas o dobleces de los pacientes y pueden dejar de lado todo amor que endulce verdades necesarias.

Baja aplicaciones: Cuando el objetivo es primordial, cualquier medio no espurio sirve. Es una excelente manera de cambiar el ayudarse con aplicaciones. Hay muchas que llenan de retos o desafíos al fumador justamente para que deje el hábito. Por ejemplo, da puntos si logras salir por un recado y no tocas un cigarro.

Esperamos que estas sugerencias sean de gran ayuda, querido lector. A continuación, como apoyo, te dejamos un lindo lema que circuló por Europa para los fumadores en los últimos tiempos.

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