Qué hacer para desconectarse en vacaciones

¿Qué es lo que más gusta al ser humano? Seguramente vamos atinar con la respuesta, porque nos dirigimos con ella a un formalismo a priori y no a un materialismo a posteriori. Sí, miles de personas podrán tener miles de devoluciones, pero lo genérico es eso que solemos denominar con el vocablo ocio. En el ocio el tiempo es nuestro, decidimos qué actividades realizar, su frecuencia, maneras, con quiénes las compartimos, etc. Se presupone que hacen bien y su mecanismo esencial suelen ser las vacaciones ¿Pero por qué nos cuesta tanto despreocuparnos, soltar el mundo gris de las responsabilidades? ¿No es importante generar un corte? Claro que sí, por eso aquí te mostramos qué hacer para desconectarse en vacaciones. Una serie de consejos que te vendrán muy bien.

Señores, les presentaremos una historia triste, una historia, en definitiva, que no deberán por ninguna causa repetir: la historia de Miguel. Miguel era un hombre muy ordenado, demasiado riguroso con sus compañeros de trabajos y con su persona. No podía nada fallar en su vida, mucho menos en el trabajo, savia absoluta de su existir un tanto estructurado, geométrico y preciso como un triángulo ¿Qué hacía, Miguel? ¿Por qué merece nuestra atención? La pobre alma se tomaba con toda fruición unas vacaciones que solo eran una mascarada: iba a la playa con el bronceador y la toalla; pero en la otra mano iba una notebook o su celular, para el caso lo mismo. Un ojo en el paraíso y el descanso; otro en la responsabilidad, las cuentas, las tareas que sus subalternos no realizan, las preocupaciones por el desempeño de la empresa, etc. Una historia triste que se repitió los 15 días de supuesto bienestar total. Sea inteligente; no sea como Miguel.

Lo de arriba es algo sumamente normal en las vacaciones de muchas personas de este mundo. Hay una necesidad de seguir sabiendo la vicisitudes de lo que dejamos, estar seguro de que todo sigue bien, tener comunicaciones asiduas o incluso resolver a distancia ¿La moraleja? Nunca descansamos. Pero sí, está comprobado que la ruptura es indispensable, por más que sintamos que la labor nos llena. Aquí, bajo esas circunstancias, te dejaremos algunas sugerencias para que sigas si eres un Miguel y te sientes interpelado por nuestra prosa.

Qué hacer para desconectarse en vacaciones

Cuidado con la tecnología: Aquí vamos a comenzar con un consejo tan elemantal que a veces simplemente se filtra y lo dejamos de lado. Tecnología es esgrimido de manera genérica, ya que da cuenta de todo aquello que nos acerca a la web. En rigor de verdad, no podemos prohibir que las personas estén comunicadas, que sepan algo de sus seres queridos; pero muchas veces lo que es un simple husmear se convierte en un sumergirse por entero en problemáticas que supuestamente habíamos dejado atrás, ya que estamos en vacaciones. Así que la mejor sugerencia es observar, medir qué hacemos con estos artefactos y nunca superar la medida de intromisión.

Haz todo lo necesario antes de partir: El verbo partir aquí puede significar ir al otro lado del mundo o simplemente sumergirte en una burbuja imaginaria en tu casa; son vacaciones para el caso iguales. En ese sentido, es importante dejar todo preparado , que cada cosa esté cumplida, ya que algún cabo suelto puede sumergirnos en dudas, prontitud de vuelta o algo por el estilo en medio del precioso ocio. No, lo mejor es en todo caso rendir el doble en esos días previos, si eso termina siendo condición de posibilidad de un desarraigamiento absoluto luego.

Desarrolla un “no me importa” en esos cálidos días: Pero supongamos una situación algo más engorrosa: preparamos cada actividad para que quede resuelta en nuestra ausencia y, sin embargo, se suscita un problema, un entuerto que reclama la atención nuestra en el trabajo ¿Qué hacemos? Salvo que sea una realidad de perentoria solución por su sustantividad, lo mejor es dejar para unos días después. Sí, desarrollemos la maravillosa conciencia del no me importa, ya que en jornadas vacacionales uno debe ser la prioridad (con sus seres queridos, si se comparte). Es decir, creemos una especie de tranquilidad, de capacidad para dividir y comprender que ahora son las vacaciones. Luego, en el momento indicado, nos ocuparemos correctamente.

Nada de prisa: Las vacaciones no cuentan como medulares solo porque nos otorgan bellas historias, nos hace conoce nuevos paisajes y a veces flamantes facetas de quienes nos siguen en las andanzas. No, hay algo fundamental que subyace todo lo primero: su temporalidad de otra índole ¿Qué queremos aseverar en un tono un tanto complicado a la vista? Simplemente que el tiempo de las vacaciones no es aquel frenético, histérico, lleno de celeridad de la vida de todos los días; las horas cotidinarias. Al contrario: es un tiempo con una cadencia parsimoniosa, donde todo se desarrolla con su cauce justo y le podemos extraer hasta el último zumo a la hermosa experiencia. Para que sirva de ejemplo, es un quedarse hasta tarde en la playa, no preocupado por las horas, la cena o las cuentas. El horario se convierte en algo superfluo.

Disfruta de la compañía: La compañía, sea familia, pareja o amigos, no es una condición sine qua non de unas vacaciones; pero si en las nuestra están presentes, es algo muy positivo ¿Por qué? Porque justamente otros sujetos ayudan en la desconexión, es decir, pueden servir como agentes interpeladores que digan no cuando quieras averiguar cómo está el trabajo a través de un chat, una llamada o un simple mensaje de texto; asimismo te pueden avisar si te vislumbran preocupado por potenciales desastres que al fin y al cabo no sabes si acaecerán. Si, las compañías en dichas jornadas para solazarse sirven mucho, porque terminan colaborando en esa microesfera de tranquilidad que tendría que ser cualquier escapada para recuperar energías.

Elige un buen lugar: A veces lo variopinto de las plazas de descanso no radica en la capacidad monetaria del futuro turista, sino de su astucia, conocimiento y maña. Con esto queremos decir que lo importante es conseguir un sitio en donde puedas desconectarse, ese lugar que sirva para generar una ruptura con todo lo que venía siendo. Por eso siempre es conveniente lugares poco poblados, casas de campo, platas, hoteles que realmente ayuden a crear ese cisma. Porque estar pegado al mundo diario conlleva no descansar nada. Una verdadera pena.

Vuelve a tu rutina antes de tiempo: No, este consejo no es una contradicción, sino simplemente el último en la temporalidad, teniendo en cuenta una hipotética vuelta. Para que la ruptura no genere dificultades de adaptación (otra problemática recurrente), lo mejor es en las últimas jornadas ir volviendo de a poco, en cuestiones nimias, a la rutina de siempre. Absorber alguna información, anoticiarte sobre lo esencial, realizar alguna tarea simple, cuestiones que, al fin y al cabo, nos aclimatan. Es que no hay nada más preocuparte que no disfrutar las vacaciones cuando se está en ellas y comenzar a vivirlas en el momento en que ya terminaron. Bajo esa tesitura, hay que forzar un poco la individualidad que somos y sus ritmos de placer; tenemos que disponer de ella y no ella de nosotros como si fuera un sujeto reacio y aparte.

Esperamos que estos consejos sean de gran colaboración, querido lector.

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