Qué hacer para no perderse en una ciudad desconocida

Suele decirse que nuestra región en la actualidad nos queda chica, casi como esa casa de la que conocemos cada rincón ¿El consejo, entonces? Viajar. Vivimos como nunca antes en una etapa de peregrinaje, por la que se va a países y lugares extraños por trabajo, curiosidad, ocio, de tránsito o motivos un tanto menos felices (pensemos en las guerras). Dadas esa coyuntura podemos vernos en apuros si no contamos con la información suficiente de sitio, si no hicimos bien la tarea para recalar del mejor modo al destino meditado. Pero no te preocupes, querido lector: te mostramos qué hacer para no perderse en una ciudad desconocida. Una brújula de información lista para ti ¡No te pierdas la nota!

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“Hay un hermoso mundo ahí afuera; sal a conocerlo”. “¿Por qué te atiborras de dinero? Gástalo en viajes”. “Lo importante no es recolectar cosas, sino momentos”. Así podríamos continuar con esta retahíla de dichos, sentencias o apotegmas que indican una sola cosa: la necesidad de moverse, viajar, romper con las rutinas. Y parecería nula una sentencia como la de Sócrates en torno al que un peregrinar no cambia nada porque vas contigo y anodina la existencia de Kant que vivió toda su vida, como filósofo, en el mismo pueblo alemán.

Estamos en una época donde se conmina a viajar, donde la densidad de gente trasladándose de un sitio a otro, sobre todo para solazarse, rompe cualquier número del pasado (los medios de transporte y su perfección coadyuvan). De esta manera, el tópico que traemos a colación queda cercano para todas esas personas que pletórica de esperanza se sumen en una travesía, pero se pierden en múltiples ciudades desconocidas ¿Qué hacer ante esa situación, sobre todo cuando las soluciones no eclosionan con celeridad? Aquí te damos unos buenos consejos al respecto, diciéndote, como siempre, que tú también, querido lector, puedes añadir los tuyos e incluso compartirlos en el panel de comentarios. Dicho eso, manos a la obra.

Qué hacer para no perderse en una ciudad desconocida

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Ten buena cantidad de información: Con esta sugerencia el lector podría espetarnos, lleno de sospecha, porque si se cuenta con información es poco posible que nos perdamos. Pero aquí no mentamos lo esencial del recorrido, debido a que nos olvidamos de ello o pensamos que no lo necesitamos. Recuerda que hay una coyuntura de estar realmente perdido, por eso a veces se puede surcar los bolsos y bolsillos para encontrar una data que sirva. Puede ser un número de teléfono de un conocido, familiar o amigo que no íbamos a usar, un negocio que sabíamos que quedaba cerca de tal sitio o cuestiones atinentes.

Un mapa, de lo que sea: Puedes que no seas aficionado a esas variables, direcciones, vectores,símbolos de tránsito y flechas por doquier, llamados…mapas; sin embargo, es bueno contar con uno por lo menos en una tesitura de desesperación. Si no quieres que sea papel porque ocupa espacio o te molesta, hay muchas aplicaciones en tu celular para utilizar algo similar.

Hay que estar atentos: En cualquier situación más o menos de urgencia o molestia es bueno aguzar el intelecto para buscar una solución. Hay personas que realizan esto casi naturalmente; otros son más timoratos y le cuesta más. Seamos desprendidos: preguntemos todo lo que necesitemos por más que generemos molestas, busquemos alternativas, estemos atento a cada señal de vialidad, cartel o lo que sea. Todo colabora en la búsqueda del bendecido destino.

No te quedes con la primer opinión: Cuando nos perdemos en una ciudad desconocida lo primero que hacemos es preguntar a alguien, cuestión que se puede complicar si hay cierta barrera idiomática de por medio. Más allá de eso (no es un entuerto ahora) y suponiendo que logras algo de comunicación, no te quedes con la primer opinión del transeúnte de paso. Esa persona puede errar, equivocarse, incluso (seamos malos) perjudicarte porque se le antoja y quiere divertirse un poco. Así que pregunta a uno y luego a viente más si es indispensable para llegar. Cuando ya haya determinada concordancia de ideas, sabrás que tienes que estar en lo correcto.

Miremos las antenas de televisión:  Suena a consejo raro, aunque no lo es: las antenas son salvoconductos ocultos para la dirección, así que presta atención a su ubicación ¿Por qué? Porque todas apuntas a satélites geo-estacionales y quietos, por ende, si ya sabes los puntos cardinales son perfectos indicadores para reconocer la zona o, por lo menos, saber a dónde dirigirse.

Presta la atención a los sitios religiosos o la disposición edilicia: Estamos hablando de situaciones muy complicadas, de ahí que el intelecto deba agudizarse de manera increíble. Por ejemplo, es típico de ciudades de colonias españolas que su centro sea una especie de plaza con todos los edificios cívicos principales, además de bancos o iglesias. Respecto a las últimas, casi siempre están alineadas en dirección oeste-este, con el altar mayor en el extremo oriental porque ahí sale el sol. Las mezquitas tienen su sitio exacto donde se reza y esta actividad piadosa siempre se hace mirando a La Meca. En última instancia, estamos rodeados de indices espaciales; solo es cuestión de saber interpretarlos.

Prueba con el clima: Siempre la lluvia y el viento nos pueden ayudar. Si conocemos cómo sopla el viento, si percibimos el movimiento de ramas, carteles, incluso marcas de ciertos objetos podemos usarlas como métodos de ubicación. Ni hablar si la ciudad tiene mar, ya que los vientos transportan agua con una cantidad de salitre increíble. Es fácil saber dónde está el mar y eso es un índice absoluto para cualquier lugar a donde queramos ir.

Sé gregario: A veces es bueno ser una oveja más y no salirse del tierno rebaño. Muchas civilizaciones han aprendido que un pájaro solo puede tener vuelos erráticos o excéntricos, pero si la suma da tres o más, saben bien a dónde se dirigen. Usemos esa regla con los seres humanos: uno puede ir a cualquier sitio; muchos tienen lugares prefigurados como centros comerciales, plazas, playas, centros comerciales, estaciones de subterráneas, trenes o colectivos. Es decir, te enviarán a sitios neurálgicos que exudarán información por todas partes.

Observa las grandes autopistas o carreteras: Estos grandes nervios o meandros, sobre todo típicos de urbes, son hermosos indicadores para quien sabe entenderlos. Nos dan, más que nada, dos tipos de informaciones esenciales: una es la dirección o punto cardinal, sur-norte o este-oeste (naturalmente también a la inversa); lo otro es que por lo general delimitan espacios. Por ejemplo, puede servir para marcar un mojón que divide dos ciudades pegadas, el centro comercial, el distrito federal o cuestiones similares. Hay que prestar atención, entonces.

Mira y recuerda el cielo: Seguimos con ejemplos abstrusos, porque si fuera sencillo, en esta época de plena tecnología, no te perderías. Por eso es bueno sellar en tu memoria el cielo, con determinadas nubes en el día (no decimos estrellas de noche, porque tendría que ser grande como un cantón o estado la ciudad). Pero si sabes formas, dilucidas congregaciones de nubes, en un día sin mucho viento, sabrás que te diriges en el camino correcto. Sobre todo pensemos eso si bajas para tomarte el subte y luego subes nuevamente.

Esperamos que estos consejos o sugerencias, sean de ayuda, querido lector.

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