Qué hacer para poner límites a los niños

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Esculpir es una tarea casi estética: de alguna inquietud interior se pasa a una objetivación de la realidad, creamos algo, le damos forma, siempre con las mejores de las intenciones. Bueno: cuando criamos a un niño, desde sus primeros amaneceres, actuamos sin darnos cuenta como escultores. Pulir, diseñar, configurar es símil a enseñar, educar y ordenar. La problemática radica, siguiendo la metáfora, en que el párvulo puede ser difícil de controlar, una arcilla poco dócil. Por eso hablamos de una tarea difícil, compleja y sumamente sustantiva. Bajo esos lineamientos te presentamos qué hacer para poner límites a los niños. Como siempre, te traemos el mejor material e información más que útil ¡Una nota imperdible!

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El padre es el escultor de su obra. Esta forma de entender las cosas es importante sobre todo para aprender una lección: los progenitores son vitales en la vida del hijo. Por más que se anuncien que hoy otros polos educan, verbigracia los medios de comunicación, la tarea paternal y maternal es insustituible y como tal llena de responsabilidad. Entonces no nos podemos hacer los desentendidos ante un mal comportamiento, constante enojo, falta de respeto o lo que sea del niño.

Y recién, sin darnos cuenta, tocamos la centralidad o tópico de la nota: poner límites a los niños. Porque claramente el jovencito no tiene cabal idea de lo que debe hacer y lo que no. Es más: la cuestión del debe, la moral, es un constructo que se internaliza con dificultad, incluso sentido por el niño hasta como un acto de violencia (lejos de la literal). Entonces cómo no se va a oponer, si se da cuenta que sus deseos, sus designios no siempre serán cumplidos.

Si hay un hecho en la realidad que no es sencillo ni fácil de aceptar, incluso para los adultos, es que muchas veces los anhelos necesariamente chocan con una realidad que los niega. Esa premisa fría y ponzoñosa es clave para la educación del niño. “Es indispensable colocar límites”, dirán los padres, ante la desobediencia, el mal comportamiento y esas malas yerbas. Y ahí mismo se suscitan interrogantes: ¿cómo hacerlo? ¿Cuándo nos salimos de la raya? ¿Cuál es el mejor modo de interpelación? Bueno: todas estas cuestiones tratarán de ser respondida en esta sucinta nota denominada qué hacer para poner límites a los niños ¡Disfrútala!

Qué hacer para poner límites a los niños

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Trata de colegir la causa: Nos han enseñado desde la escuela, a puro racionalismo, que siempre un efecto tiene una causa o muchas, incluso mezcladas de modo inextricable. Si eso lo llevamos al tópico siguiente, es claro que el niño se comporta como malo, poco solidario, furibundo, irrespetuoso por algo. Tratemos de colegir ello desde el lugar como padres ¿Los escuchamos poco? ¿No pasamos tiempo con ellos? ¿Los niños han pasado alguna situación traumática? ¿Cuál son sus compañías? ¿Qué ven en la televisión o incluso internet? ¿Qué vislumbran del padre y la madre? Digamos que con todo esto y más preguntas puedes conformar un hermoso rompecabezas, con el cual irás armando pieza tras pieza. Debemos ser un poco detectives y perspicacez al respecto, sobre todo teniendo en cuanta que somos los encargados de vidas que recién nacieron.

Escucha al niño: Puedes también adquirir las ropas del antropólogo e introducirte en tierras extrañas (aunque no tanto, porque alguna vez fuiste niño). Entonces hablar con la pequeña criatura, pasar un buen tiempo con ella, responder a sus inquietudes no viene nada mal. A veces una escucha atenta puede darnos un sentido cabal del motivo de tantos desarreglos en el comportamiento, para así obtener un antídoto efectivo.

No minimices su incordio ni su dolor: Hay una tendencia observable en muchos padres de caricaturizar todo lo que le pasa al niño, desde incordios, llantos, desobediencias hasta furias fuertes. Como suponiendo que sólo se trata de juegos de niños, puerilidades que se irán con el paso del tiempo. No es así y muchos psicólogos recomiendan lo contrario. Tomar sus reclamos, dar oído a sus quejas y desobediencias. Esto no se entienda como una loa a la mala crianza, a que el joven haga lo que quiera, sino todo lo contrario: tomarlos en serio para educarlos mejores, para que los límites no sean algo molesto en lo absoluto, sino efectivo y que se comprenda lo mejor que se pueda.

Constancia en el reto: Esta claro que hay que poner límites, cosa de no terminar criando diminutas personas que no saben o entienden sobre cotos en el deseo. Sí, hay que controlar esas cuestiones, más allá de si puedan tener o no un corolario en la madurez. Y todo esto lo anunciamos en relación a la escasa constancia de los padres. Hay un punto medio entre una autoridad parca, violenta y pertinaz, frente a lo líquido, al reto lábil y suave. Es sumamente contradictorio para la mente del niño recibir un reto, una contravención seria si después se aprueba con carcajadas o por lástima se tira abajo toda la orden. El párvulo aprende que lo más lábil de todo terminan siendo sus padres, criaturas sumamente maleables ya que en definitiva no sostienen sus preceptos y órdenes. Así que el mejor consejo es no ser excesivamente estrictos (mucho menos furibundos) pero sí constantes, inflexibles.

Que comprendan el límite: A veces las limitaciones se emplazan desde los ofuscamientos de los padres o la rabia desatada. El resultado es un niño llorando, pero con el que no se tiene una lectura certeza ¿Con esto qué queremos decir? Que estas imposiciones no tienen un corolario seguro y la desobediencia puede que continúe. Así que no viene mal que al niño se le explique siempre el porqué de semejante forma de actuar en la vida. Es más: obvien, queridos padres, esa tendencia a dar respuestas mágicas, disparatadas, tontas, que resultan sólo un insulto al intelecto del párvulo. No, mejor es siempre explicar en la medida de lo posible con seriedad, sin medias tintas y siempre tratando de resolver cualquier duda en el pequeño.

No dividamos mundos: Sí, eso puede convertirte en un verdadero entuerto cuando hablamos de crianzas. El niño a nivel público, digamos, se porta muy bien, hace todos los menesteres según las autoridades de turno; pero cuando llega a la casa todo cambia y se transfigura en un auténtico revoltoso. Es raro, pero hay algo en la comprensión del niño que posibilita esa duplicidad. Posiblemente ya llegó a la conclusión que los padres son seres más blandos y que al tener más confianza con ellos, todo está más permitido. Sea como sea, hay que evitar estas esquizofrenias en el sentido etimológico del término. Nada de mentes divididas, sino absolutas unidad. Que para el pequeño lo privado y lo público se rijan bajo normatividades sino iguales, por lo menos similares. El resultado será un mejor comportamiento de párvulo, además de mayor constancia en él.

Aquí te presentamos una serie de consejos para poner límites a los niños. Sabemos que no es una tarea sencilla, sobre todo porque los padres a veces tienen miedos o tapujos ante sus criaturas, que no dejan de ser sus productos. La responsabilidad se acrecienta y hay que vivir con ellas. Los padres son vitales y esa realidad no se va a evitar, así que siempre lo mejor es asumirla del mejor modo.

Más allá de esto, esperamos que el material sea de tu agrado, querido lector.

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