Qué hacer para saber si tu pareja te engaña

El amor es un sentimiento complicado y más si lo queremos hacer durar en el tiempo. En esa mixtura interviene lo sensual, lo sexual, la ternura, el respeto, los secretos, las mentiras, la violencia, desventuras e, incluso, la infidelidad. Sí, cualquier cosa puede acaecer bajo los efluvios de Eros y sin embargo lo último nos puede demasiado ¿Tenemos sospechas? ¿Hay modificaciones repentinas del accionar? ¿Ya el otro no es tan conocido como cavilamos e incluso nos da miedo su actitud ante ciertos tópicos relacionados? Bueno, si la suspicacia se ha vuelto tu amiga, este posteo es para ti, querido lector. Te presentamos qué hacer para saber si tu pareja te engaña ¡No te pierdas la nota!

El amor siempre será complicado de manera potencial o real, por una sencilla razón: el otro es libertad ¿Qué queremos decir con una definición tan enigmática? Algo muy sencillo: que el prójimo, el sujeto amado, se nos escapa por todas partes, es una hemorragia en el ser que le atribuimos y desde ahí surge o estalla todo. Nunca sabremos a ciencia cierta qué piensa de nosotros, si desea a alguien más, si realmente lo complacemos, si su forma de ser no soporta la monogamia y fue todo una mascarada, si se cansa, etc. Lo repetimos: más allá de cualquier lectura, que es una forma de cosificar, la persona se hurta de todo, es una libertad.

Ahora bien, el lector muy bien puede decir que constantemente se hacen pruebas prácticas de la fidelidad, que hay actitudes muy obvias que resaltan ese amor incondicional por el cual nos quedaríamos tranquilos ¿Realmente es así? En rigor de verdad, consideramos que no es tan sencillo, desde el momento que las infidelidades, por diversos motivos, proliferan sin cesar.

Aquí, por lo tanto, te enseñaremos a percibir determinadas señales. No para que actúes de inmediato, ya que esto no es una ciencia exacta; aunque sí para que estés alerta. Hablamos de una serie de sugerencias que te parecerán excelentes. Hacia ellas vamos.

Qué hacer para saber si tu pareja te engaña

Accionar: Es una sugerencia muy simple, pero que nunca viene mal como algo elemental. Existe mucha gente que percibe lo raro de la actitud de la pareja, que se muere de miedos; pero no hace nada, es decir, no tiene una disposición detectivesca ante semejantes accionares. Aquí recomendamos que modifique tamaño talante porque realmente la relación se convertiría en una pesadilla. Hay que accionar, y accionar, en definitiva, es querer develar la verdad a la larga, por más sigilosos y cautos que seamos. Los miedos aunque surjan tienen que ser soslayados, porque si aceptaras la mentira, salvo que poseas un sentido perverso de ti, no investigarías nada.

Tiene nuevos hábitos: Si posees una relación asentada es algo claro que conocerás los movimientos de tu pareja. Sí, no hablamos de un seguimiento patológico, sino lo mínimo e indispensable hacia toda persona que interesa mucho. Bueno, un indicio de potencial indifelidad, en esa tesitura, es cuando el ser amado modifica muy rotundamente sus hábitos. De súbito y sin mucha explicación va a un lugar a la misma hora, contesta mensajes en determinado momento, no socializa la información y cuestiones por el estilo ¿No será que se está amoldando a alguien flamante?

Se vuelve un atesorador de secretos: Es claro que vivir en pareja no es asfixiarse ni sofocarse el uno al otro; debe haber cierto ingrediente de libertad. Sin embargo, el otro extremo es igual de pernicioso: no compartir información. Sí, los secretos de Estado en un vínculo amoroso suelen ser raros, sobre todo si esa persona antes no lo hacía contigo ¿Qué problema puede tener de comunicar cierta data con tu persona? Por lo general, uno, desde la suspicacia, se da cuenta cuándo ese secretismo cuenta con fundamento y cuando realmente no. Lo segundo es peligroso.

Nuevas jergas o expresiones: Cuidado con la persona potencialmente infiel, porque realmente poco a poco irá mutando de una forma que no esperamos. Si esgrime nuevas maneras de expresarse, si modifica formas e incluso vocablos en cuestiones muy precisas del vínculo amoroso, puede ser una excelente pista para develar engaños y perfidia.

No podemos leerlo: Las parejas tienen un rasgo que si lo vemos desde el lado positivo otorga seguridad: el otro tiene cierto nivel de predicibilidad. Sabemos cómo piensa, lo escogimos porque nos parece en algun punto intachable y en todo caso siempre esperamos lo mejor de su parte. Pero supongamos que modifica sus pensamientos: el lazo monogámico no es tan importante, no eres tú soy yo, el amor es libre o cuestiones por el estilo. Sí, nos desespera porque todo nuestro libro sobre ese individuo se desmorona; no sabemos cómo interpretarlo. Otro rasgo que puede dar cuenta de infidelidad, ya que a través de sus flamantes cavilaciones pueden eclosionar, incluso inconscientemente, fundamentos para la deslealtad.

Abusa de su tiempo a solas: Si observas que de golpe aparecen flamantes rutinas sin explicaciones y lo tienen a él/ella como único protagonista, si divisas una persistencia fuerte ante cualquier conato de sumarte a sus andanzas y que incluso los horarios pueden ser recursivos, bueno ahí tienes una nueva señal de potencial flirteo con seres ajenos.

Celos repentinos: Cuando uno actúa mal, cuando se da cuenta de la impunidad con la que puede actuar (no baja papá Dios a castigar a nadie), puede que acaezca algo a priori un tanto anormal: los celos. Es que si yo lo hago en tanto desleal, ¿por qué no el otro? ¿Estoy tan seguro que él o ella está igual de limpio? Por eso, el infiel es sumamente recriminador de caricias, piropos, miradas o accionares de la otra persona. Lo cual no demuestra falencia de ésta, sino temores que parten del mismo ser pérfido. Es como una suerte de conciencia moral un tanto oblicua, la cual emerge no para impedir acciones a la manera directa, sino con cierta tortuosidad.

Es un manojo de nervios: Puede acaecer que el infiel no sea un criminal de sangre fría, con todos sus accionares calculados y especulaciones profundas. No, cavilemos que puede tener miedos a ser descubierto, a que se caiga un mundo que sostuvo durante un tiempo y desaparezca una persona que incluso tal vez hasta ama (así de complejo es esto). Todo lo dicho se traduce en nerviosismo, temores, falta de interés, tristezas. Y sí: es el sentimiento de culpa que aflora por todas partes, es un deber sobre lo correcto que si no sale de la boca, lo hace por medio de manos temblorosas, de insomnio, poco apetito o cuestiones atinentes. Naturalmente todo este actuar son señales virtualmente obvias.

Investiga directamente: Sabemos que las mentiras tienen patas cortas, posiblemente el apotegma social más cierto de todos. Es que el pérfido (más si es diletante al respecto) se pisa, cambia las explicaciones, se olvida lo que dijo, se desdice y miles de cuestiones por el estilo. Desde el momento que no hay certeza, querido lector, es que no hay verdad lo más probable. Tienes que entender que estamos dando cuenta de un individuo que habla y diserta sobre cuestiones sin fundamento material. A la larga semejante actitud se vuelve muy difícil de sostener. Así que lo mejor en ese sentido es investigar directamente, preguntar, estar atento a los relatos, sus dobleces, vueltas, etc.

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