Qué hacer para sentir empatía

Hemos oído hablar de conceptos como prójimo, respeto, solidaridad, abnegación, responsabilidad hacia el otro, entre muchos más ¿Qué tienen en consideración? Una determinada visibilidad del tercero, un darle un nivel de importancia sino mayor por lo menos igual que el que posee uno. Sí, claramente el ser humano si esboza sin cesar una creación tan particular quiere decir, en sentido lato, que no lo practica tanto, ya que lo evidente simplemente lo es. Y ese es el problema: nuestra separación y negación con el hermano, con aquel que es tan persona como uno ¿Se puede hacer algo? Claro que sí, por eso te presentamos qué hacer para sentir empatía ¡No te pierdas la nota!

Posiblemente estos presentes ante el gran problema de la humanidad. Sí, puede parecer exagerado, incluso darle tanta exclusiva algo injusto ¿No lo prescriben las religiones? ¿No nos enseña cualquier moral laica el respeto al prójimo? Y, sin embargo, el mismo pareciera brillar por su ausencia. El solo hecho de que exista pobreza, violencia, guerra y cualquier clase de injusticia nos da la prueba palmaria que la otredad sigue siendo un tópico medular ¿Hemos avanzado respecto al medioevo? Es difícil responder; tal vez solo nos hemos sofisticado en estas cuestiones y llenado de hipocresía.

Sentir empatía es emplazarse en los zapatos del otro. Los prefijos lo representan bien: es un con-dolerse,con-gratularse y todo lo que imaginemos. Es una operación interesante, sustantiva porque vivimos en sociedad y sumamente indispensable para un futuro mejor. Si uno es un milagro, si es una especie de trozo de materia que dice yo, el otro, ergo, tiene la misma naturaleza. Ese es el fundamento del humanismo. A continuación dejaremos una serie de sugerencia para abrirse a los terceros, para escucharlos verdaderamente, lo cual no solo redundará en beneficio de los primeros, sino también de nosotros mismos ¡Hacia los consejos vamos, entonces!

Qué hacer para sentir empatía

Siéntete profundamente: Sí, puede parecer una extrema contradicción hablar de otros y comenzar con uno, pero cree: no lo es. Y es que para desperdigar sentimientos afluyentes hay que ser un poco fluido en primer lugar ¿Sabes reconocer tus emociones? ¿Comprendes tus enojos, iras, ofuscamientos, tristezas, soledades o vacíos? La ecuación es simple: si lo más cercano debe ser lo más conocido, con ese casillero lleno realmente luego podemos acercanos de todo corazón al prójimo. Pero sería raro hacer efectiva una empatía si se es una coraza hasta ante lo propio.

Escucha con atención: No hay vuelta que darle: si quieres emplazarte en los zapatos ajenos debes conocer el mundo ese ¿Cómo se podría de lo contrario? Sería una enorme paradoja sin resolución. Por eso deja de utilizar al prójimo como simple medio y que sea un fin en sí mismo. Escucha su charla, haz preguntas, sin molestar, a partir de lo anunciado, porque eso implica un interés. Verás con el tiempo que es agradable y que los terceros pueden abrir mundos totalmente insospechados. Hasta podrás mejorar tu relaciones con ellos, lo cual es un fin un tanto egoísta pero que nunca es nocivo.

Ve más allá de las palabras: Ya es un enorme paso prestar atención a lo que dice el otro y no dejarlo perorar como si fuera una máquina. Lo que sigue, entonces, es darle cabida a todo lo que no se anuncia en vocablos pero que puede dar importantes mensajes. Postura, rostro, llantos o no, desenvoltura en cuanto movimientos, paciencia, etc. Sí, eso nos dará una especie de escudriñamiento más completo del otro para desarrollar la ansiada empatía. Porque de falsificaciones está hecho el mundo y nosotros queremos algo original, una apertura afectiva verdadera. El otro incluso puede defenderse, ocultar, ser un perfecto prestidigitador. Está en uno vislumbrar cada una de tales situaciones.

Piensa en su coyuntura: Existen hermosos ejercicios para desarrollar empatía, entre ellos pensar el motivo, la coyuntura que tanto desagrada o alegra a la persona. Si anda de mal humor y conocemos que la relación con su esposa no es buena, trataremos de atrevernos a preguntar qué anda pasando ahí, husmear aunque sea si notamos que hay cierto incordio en responder. Lo mismo sucede con lo positivo: reconocer las felicidades ajenas indica interés, falta de egoísmo o competencia, ser una persona sumamente atenta.

La empatía también debe ser positiva: Algo dijimos en el consejo precedente, aunque consideramos que se debe ampliar. Es que hay una tendencia a pensar que toda empatía necesariamente es negativa, convirtiéndonos en una suerte de buitres que huelen carroña o de bomberos que apagan incendios. En rigor de verdad, también existe la positiva y desarrollarla habla muy bien de la persona ¿Por qué? Porque congratularse es igual de dificultoso que condolerse, debido a que existen celos, envidias, anhelos de sueños que otros cumplen y ofuscan. Si podemos eludir semejantes sentimientos ponzoñosos, realmente daremos un paso muy hermoso para afirmar (y sentir) al otro como un verdadero prójimo.

Que el otro individuo divise que estás: La empatía no es desenvolver una charla 10 minutos, preguntar maquínicamente un cómo estas o cuestiones por el estilo. Sí, es cierto, no podemos desarrollar ese nivel de atención con todo el mundo; pero aquí estamos hablando de los seres más cercanos, sea el ámbito que sea. Entonces si vamos a interrogar al otro por su estado anímico lo vamos a vislumbrar a los ojos, si lo percibimos apesadumbrado le prestaremos atención con todo nuestro cuerpo dirigido a su persona, si es necesario daremos una palmada en la espalda o tomaremos levemente su rodilla. Sí, suena baladí; aunque realmente el lenguaje corporal es muy importante en ambas partes o lados del vínculo.

No seas resolutivo: Trata de no colocarte en la perspectiva terapéutica sabiohonda, algo incluso dejado de lado por muchas escuelas psicológicas ¿Qué es esto? Un sector que sabe, determina, adoctrina y concluye; mientras la contraparte expresa, se atemoriza y se abre como puede. No, el otro necesita una voz y a veces ni siquiera eso: simplemente un oído atento. Si el fin es desarrollar empatía lo mejor no es ser resolutivos o devenir totalitarios en pseudoconclusiones. Escuchemos, que si el prójimo se siente cómodo nos dará más información de la que aguardábamos en el inicio.

Repite la empatía varias veces al día: Puede ser una suerte de ejercicio diario y bien sabemos que lo que mucho se repite termina quedando. Entonces practica la empatía en una buena cantidad de ocasiones, colócate en los zapatos del otro y vislumbra el mundo desde ahí ¿No es sencillo? ¿Molesta, sofoca? Bueno, pero es lo más humano que podemos desarrollar. Es más: si eres religioso, sin ánimo de exagerar, estaríamos diciendo que cumplirías en la tierra un mandato divino ¿No se habla siempre del prójimo? ¿De poner la otra mejilla? En este caso todo eso sería más que obvio y sustantivo.

Sé empático con quien no te cae bien: La gloria no solo es ser humano con quien lo merece, sino incluso con aquellos que según nuestras perspectivas no. Digamos que si queremos asentar o establecer la empatía verdaderamente no hay nada mejor que ejercerla con las personas que no nos caen bien. Escucharlos, darles un lugar preeminente, demostrar atención; todas son actitudes que pueden medrar relaciones e incluso, finalmente, redundar en nuestro favor. Porque la comunicación y la palabra son medulares en el ser humano.

 

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