Qué hacer para ser más productivo

Vivimos en una sociedad donde los intereses, la ganancia, el plusvalor, la administración y definiciones económicas por el estilo tienen gran raigambre. Y no se crea que eclosionan solo cuando hablamos del dinero contante y sonante, ya que siempe se produce una imbricación de tamaños conceptos en cualquier ámbito de la vida. Por eso impartimos ideas como administrar bien el tiempo, economizar energías, ser productivos en el día, ganar intereses con cierta labor o cuestiones por el estilo. Digamos que es un signo de época, pero eso no le quita absoluta importancia; al contrario. Aquí nos aupamos a ello y te presentamos qué hacer para ser más productivo ¡Una nota que te ayudará muchísimo, querido lector!

Existen personas que se las observa límpidas, energéticas, prestas a la realización de cualquier cosa, arregladas y ¿sabes qué más? Siempre ejecutan lo que deben hacer, con una capacidad y celeridad admirables. No podemos más que arrobarnos ante esas existencias, además de sentir una secreta envidia. En el otro polo acontecen los individuos que cualquier planificación les sale mal, que no controlan los tiempos, que andan cansados a toda hora y en el fondo saben que se han convertido en una suerte de parásitos de su propio existir. Claramente no queremos ser parte de ese segundo grupo.

Sí, muchas veces basculamos de un arquetipo a otro, dependiendo las ganas y el día. Ahora bien, sabemos que en nuestra sociedad arrecia la competencia, que nadie te espera y que el tiempo es sumamente tirano, por ende es lógico tomar cartar en el asunto y ser por una bendita vez productivo (y ojalá que siempre, con disciplina).

A continuación te presentaremos una serie de sugerencias o consejos para volverte justamente un ser productivo, para que todas las metas que emplazas en el comienzo del día sean realizadas y, de manera concomitante, te sientas efectivo y feliz. Manos a la obra, entonces.

Qué hacer para ser más productivo

Aliméntate bien: Aquí el lector desde la ignorancia (algo absolutamente humano y normal) puede preguntarse qué tendrá que ver lo que se engulle con el rendimiento. Y la verdad, respondemos, absolutamente todo. El pensar y el actuar es fisiológico, ese es nuestro fundamento, por lo tanto si comemos chatarra todo el día es obvio que la productividad va a ser baja. De ahí que es sustantivo cavilar sobre cómo y qué alimentos ingerimos para así poder ganas energía, atención y resolución.

Deja de lado los trucos mentales: Este consejo puede perfectamente ligarse con el anterior. Por lo general un bajo rendimiento por escasez de ideas y de ganas conlleva vericuetos mentales ¿Qué queremos decir con esto? Que siempre creamos una fundamentación, un argumento para no hacer lo que habíamos planificado como importante. “Bueno, maána será un mejor día”, “Hoy no me siento bien”, “uy, falto tal compañero” y así podríamos continuar hasta el infinito. No, lo mejor es hacer y en todo caso encontrar argumentos justamente que sostengan y no que socaven mi accionar indispensable, sea el que sea.

Programa tu día la jornada anterior: Aquí hablamos de programar, aunque no se entienda al mejor estilo robótico o autómata, que no deja nada librado al azar. No, simplemente hablamos sobre una organización general, a grandes rasgos. En ese sentido, siempre es bueno realizarla las últimas horas de la jornada anterior, sin que ocupe ni un ápice de tiempo del verdadero descansar. Veremos que conseguimos dos objetivos en uno: las horas de sueño las vivimos con tranquilidad por sabernos bien organizados; y al otro día nos levantamos tranquilos ya que tenemos en claro tiempos, objetivos, instrumentos de ejecución, etc.

Escribe un credo de productividad: Una cosa es estar seguros desde nuestro interior o espíritu y otra es tener cualquier objeto, aunque sea un papel, que desde la exterioridad ratifica nuestro punto de vista o filosofía del existir. Vamos a ser claros: muchas veces estamos seguros de lo que queremos y hasta cómo hacerlo, pero una vez en situación flaqueamos, nos atemorizamos, abrumamos, cansamos o lo que sea ¿El corolario? Lamentablemente, un no hacer. Bueno, en ese sentido es positivo tener un credo que remarce que tú eres posible de cualquier cosa, que el tiempo lo controlas y no hay imponderable que te amedrente. No tienes que haber ganado un Premio Nobel de Literatura para redactarlo; mientras que lo entiendas tú no pasa nada y que siempre esté contigo.

Realiza ejercicio: Puede que parezca un consejo contraproducente, porque quizás muchos pensarán que el ejercicio cansa. Y esa, en rigor de verdad, es una certeza a medias. Puede cansar por un momento y en lo físico; pero libera la mente, quita preocupaciones, disminuye el estrés y cualquier pensamiento negativo. Sí, todo eso es el ejercicio en sentido lato y su accesibilidad lo convierte en una gran opción. Ergo, corre, camina, salta, baila, levanta pesas; lo que consideres atractivo para el rigor físico, házlo. El ejercicio y una buena productividad siempre van de la mano, por una cuestión fisiológica y psicológica.

No molestar: Esa frase sucinta tiene una duplicidad: que no nos molesten los terceros, que no me moleste a mí mismo. Quizás lo primero con una serie de advertencias enérgicas sea fácilmente solapado; pero lo segundo es más dificultoso porque habla de una modificación de nosotros mismos. Dejemos de lado el WhatsApp, los mail, las charlas sin ningún sentido, los tópicos chabacanos y realicemos lo que debemos. Seamos una flecha recta que va directo a sus objetivos y no una zigzageante serpiente que se pierde o entretiene un poco en cada lado. No molestar es una premisa para tener en cuenta a la hora de conseguir o maximizar la productividad.

Rompe con el ambiente asiduo: Pensamos en esas personas de jornadas laborales largas, quienes permanecen en el mismo sitio mucho tiempo solucionando, arreglando o poniendo parches a todo. Bueno, como no puedes dejar tu trabajo, una buena forma de energizarte es salir a comer afuera cuando es tiempo para esa actividad o aprovechar cualquier descanso para caminar afuera. Aunque no lo creamos, el cambio de ambiente y aire hace demasiado bien, a tal punto que nos sentimos prestos para regresar y encarar el resto de las actividades laborales con más enjundia.

Crea una hora de purificación: Puede sonar algo grandilocuente el consejo, pero no lo es. Lo que proferimos aquí es que escojas determinado tiempo de la jornada, en lo posible la mañana, antes de iniciar la rutina y te dediques a crear una subjetividad acorde a tus cometidos, es decir, productiva ¿Cómo se hace? Muy simple: lee un libro edificante, anota frases que te llenen el alma, recita tu credo pletórico en positividad y, en definitiva, colma tu mente con buenos pensamientos. Luego será solo cuestión de aplicarlos y te darás cuenta que con ánimos todo realmente se puede.

Decide ser: El ser humano se da su ser a medida que es, por lo tanto es lo que elige ser. Suena a trabalenguas, aunque si lo pensamos hay demasiado de cierto en esos dichos. Por lo tanto, piensa que puedes y serás productivo. No te dijes o quedes en que otro lo hace mejor o que has fallado en determinada actividad pautada. Tales artimañas mentales no sirven de nada nunca. Mejor piensa que siempre habrá una flamante oportunidad y que los objetivos están para realizarse.

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