Qué hacer para ser organizado en la vida

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Primer apotegma del ser desordenado: “El desorden es un orden”. Una frase que esgrime sin cesar: “Yo me entiendo en el desorden”. Una excusa sempiterna: “Es que no tengo tiempo”. Pero dejemos de lado toda esa retahíla de dichos que bien pueden fungir como excusas ¿Se puede estar mejor si nos organizamos? ¿Acaso no ganamos tiempos si conocemos hacia dónde nos dirigimos? Aquí, por lo tanto, te presentamos qué hacer para ser organizado en la vida. No queremos que se adueñe de ti alguna obsesión compulsiva o una especie de idea fija de la pulcritud que deje de lado tu vida. No, simplemente un nivel elemental de orden ¡No te pierdas la nota!

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No hay peor sensación que sentir que los cometidos de la jornada, esos sucintos objetivos se nos escapan. Preferiríamos no darnos cuenta, hacer el esfuerzo hasta el último momento, de manera maquinal y luego darnos de bruces frente a la realidad. Pero no: tomamos conciencia de ello. No llegamos con el tiempo, no encontramos la ropa, el trabajo, las llaves o lo que sea. Por lo tanto, sufrimos algo que mucha gente padece: somos pocos organizados. Semejante realidad siempre se liga con la productividad y, de manera concomitantes, sensaciones de ofuscación o bienestar.

“Pero yo así me entiendo”, repetimos como un mantra en lo interno para no disgustarnos con nuestro súper yo o conciencia moral y, por fuera, hacemos lo mismo con los seres que nos recalcan nuestra realidad circundante ¿Hay alguna solución? ¿Podemos conseguir que no se nos escape lo que hemos ideado? Seguramente que sí, por eso aquí te damos una serie de consejos para que seas más organizado, en caso de que vivas en semejante realidad.

Como siempre, te traemos un material con el fin de ayudar y no ser excluyentes. Siempre puedes añadir tus propios métodos e incluso compartirlos con la bandeja de comentarios. Dicho eso, manos a la obra.

Qué hacer para ser organizado en la vida

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Toma el control de tu vida: Es difícil en ocasiones organizarse, pero debemos hacer el esfuerzo, ya que de lo contrario cualquier cometido queda lejos. Eso da una sensación de falta de control, de que hay eventos o seres externos que toman las decisiones por nosotros. Así que bien como primer paso podemos hablar de una toma de control, que no es más que tener conciencia de la vida, lo que queremos y el modo de quererlo.

Establece metas: Las personas poco organizadas son propensas a querer algo y no saber cómo o enredarse en maneras, objetivos y yerbas similares ¿El resultado de esa batahola o fárrago? No conseguir casi nada o estar siempre cerca (algo a veces más lamentable). Así que es buena idea organizarse estableciendo metas. No tienen que ser muy lejanas, ya que lo distante en el tiempo siempre es difícil de estudiar. Asimismo, puedes anotarlas en algún lugar para estar seguro de no perderse en el camino.

Mantén el optimismo: Todo lo que hacemos bien en la vida lo hacemos con ganas y para que sea así debemos ser positivos. Recuerda que el ser humano no es una entidad neutra que anda por doquier, sino un hacer, un realizar bajo el estímulo de sentimientos y emociones. Así que mejor regar de optimismo todo, pensar el lado bueno de las cosas y siempre estar prestos para hallar soluciones con celeridad.

Sé responsable: Sin caer en un perfeccionismo poco saludable, es bueno tener presente que hay ciertos objetivos que deben realizarse. No podemos desertar siempre, a cada instante; sino que debemos focalizarnos. El ser responsable es aquel que respeta sus pensamientos, sus ideas y que sabe que pese a haber un largo trecho entre el dicho y lo hecho, lo realiza.

Ten en cuenta tu espacio: La desorganización no solo atañe al sujeto mismo, sino también al espacio que lo rodea. Entonces una excelente manera de cambiar esa realidad es que lo circundante sea casi un reflejo de tu cambio. Organiza ropa, objetos, tira la basura y eso tanto en tu casa como en el trabajo. Vas a ver que te sentirás mejor y percibirás que lo cósico ya no es un límite en tus cometidos.

Ten cuidado con el armario: Nos ofuscamos porque vivimos perdiendo tiempo, hasta nos llenamos de enojo cuando comprendemos esa realidad inobjetable. Un ejemplo perfecto de ello es el tiempo perdido en vestirse, algo tan nimio que asusta. Por lo tanto, organiza tu ropa, piensa, sobre todo, que en esos instantes previos del día, con cierta modorra, no podrás pensar mucho y todo debe ser un tanto automático. Y no hablamos, lo repetimos, de un orden abusivo.

Un calendario puede servir: Parte de la falta de orden la vemos en que saltemos toda fecha importante. Algo que podemos pagar si es el trabajo bastante caro, pero que sin embargo queda corto si olvidamos la festividad de algún ser querido. Así que como hace rato dijimos que emplaces tus metas, si es posible en escrito, haz lo mismo en un calendario con esas efemérides de tu vida. La vorágine de la vida puede que haga que olvidemos y eso no es algo malo. No somos Platón para enojarnos de la escritura y lo que ayuda, así que mejor aprovechémosla.

Haz la actividad en su momento: Hay una frase que repetimos, como tantas otras, desde la niñez: “El tren pasa una sola vez”. Seguramente nos parezca un tanto fatalista, pero sí podemos sacar de ella cierto ápice de verdad: hay momentos idóneos para hacer las cosas. El poco organizado es un dilatador serial o por lo menos un dilapilador de oportunidades. Así que si aparece una, si esa hora indica cierto camino, mejor hacer caso a ello.

Utiliza recompensas: No es que queramos convertirte en un ser pueril, ya que seguro esta idea es un tanto infantil o que podemos ver incluso en animales: la recompensa por hacer algo bien. Sin embargo, hay una labilidad en la mente del poco ordenado que se debe terminar. Quizás lo que al principio no ingresa o se aprende con un reto propio o una falla puede cambiar e incorporarse con una recompensa. Funcionamos con premios, a veces.

Programa descansos: La organización no solo es administración de cosas, espacios, tiempos, detalle de cada accionar y cuestiones similares. Aunque no lo creas también es una buena diagramación de los descansos, tan vitales para cumplir nuestros cometidos. Porque sabemos (o debemos aprenderlo) que no funcionamos a cualquier hora y en todo momento, además de que las fuerzas se agotan. Así que el remanso en el momento indicado no solo es bello en sí mismo, sino que permite un mejor accionar posterior. Sí, es parte de la organización, querido lector.

Delega tareas: No eres hijo de un pulpo con múltiples tentáculos. A veces el orgullo o la falta de fe en quienes nos rodean nos llevan a agobiarnos de tareas. El corolario muchas veces es pésimo. Lo mejor, en todo caso, es aprender a delegar, confiar en el otro y, en caso extremo, preparar a ese tercero para que lleve adelante las tareas de un modo idóneo.

Esperamos que estos consejos hayan sido de ayuda y que inspiren un poco almas ajenas. Porque todo esto sirve para redundar en una cosa: la felicidad (como el hombre de la foto).

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