Qué hacer para ser paciente

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¿Cómo ser paciente en un mundo vertiginoso? ¿De qué forma puede llevarse adelante lo que parece una auténtica magia frente a toda la vorágine? ¿No nos vemos compelidos a resolver cientos de problemas? ¿No nos arrastra la sociedad a pensar en proyectos, futuros tanto cercanos como lejanos? ¿La situación económica o material apremia? Bueno, para no seguir con la retahíla podemos anunciar que hay muchas cosas que turban al hombre y, sin embargo, el precepto debe ser el mismo: ser paciente para vivir bien, para disfrutar y medrar en casi todos los aspectos de la vida. Aquí te presentamos una serie de consejos para que lo logres con facilidad. Qué hacer para ser paciente ¡No te pierdas la nota!

Todos hablan de la paciencia como el summum bonum, como el bien por antonomasia. Y no es algo descabellado pensarlo así: muchas escuelas filosóficas e incluso religiosas han entendido, con otras carátulas, actitudes similares como sublimes. El estoico como impasible; el hedonista bajo el manto de la ataraxia; la indiferencia del escéptico; o el religioso, en sentido lato, casi como un bien divino.

¿Pero cómo podemos obtener semejante bienestar espiritual? Es claro que uno debe encontrarlo, más allá de las dificultades que se presenten. Porque nos sumimos en problemas, porque debemos ser resolutivos o porque nuestra existencia, llena de celeridad, se centra en el futuro en gran medida.

A continuación te dejaremos una serie de consejos y sugerencias para que poco a poco te introduzcas en la escuela de la paciencia. No es sencillo, aunque todo se puede. Asimismo, como siempre aseveramos, no somos exclusivos ni excluyentes, así que cada lector puede añadir sus recetas, derroteros o enseñanzas de la abuela, como suele decirse. Siempre la abundancia en estos menesteres viene bien. Dicho eso, manos a la obra.

Qué hacer para ser paciente

Acepta las cosas: Parte de la obtención de la paciencia radica en la comprensión de que muchas cosas se nos escapan. Sí, suena fácil, aunque no lo es y eso por una sucinta razón: sufrimos del complejo de divinidades ¿En qué consiste? Muy simple: en pensar que podemos todo, que nada se nos escapa, que cada cosa, incluso pequeña, debe pasar por nuestra inspección y examen. Terrible falacia. La verdad que podemos algo, no todo y lo restante hay que aceptarlo, por el bien de la salud, como se da. Los estoicos hablaban de discernis entre lo que depende de uno y lo que no. Con lo segundo, ergo, indiferencia absoluta.

Sé un péndulo: Por lo general si lees, querido lector, consejos sobre la paciencia verás que se habla de permanecer en el presente ¿ Pero eso es factible? ¿No proyectamos, soñamos, idealizamos? Bueno: si bien todo eso está por hacerse, en parte hasta puede ser una vaga ilusión, no quita que esa es una realidad. Por eso aquí anunciamos otra cosa: sé un péndulo, ten la capacidad de dirigirte al porvenir por tu bien, seguridad, felicidad, sin desdeñar el presente ni un solo momento. Sin darnos cuenta se vive en ambas dimensiones, pletóricos de paz y optimistas energías.

Controla la impaciencia: Pero queremos todo y lo queremos ya. No sabemos si es un clima de época, si en el medioevo eran más pacientes; pero es una realidad que hay que combatir ya que socava la paciencia. Por eso lo mejor, para no ser hiperkinéticos, es aprender a respirar. Inhala aire por la nariz y exhala por la boca por unos buenos segundos. Sí, las problematizaciones y los entuertos se reflejan en el cuerpo; o lo que es lo mismo: la falta de tranquilidad muchas veces tiene sus fundamentos en un cuerpo muy agitado, alocado o lo que sea.

Mirar el lado bueno de las cosas:  Debemos aprender a mirar todo lo bueno que tiene cada una de las realidades. Se suele decir que el hombre no tiene acceso a ella, sino a sus representaciones, que se enmaraña con éstas, sus creaciones. Sea como sea, es importante no vernos angustiados o desesperados a toda hora, a cavilar sobre lo peor o lo negativo. Lleva adelante esta práctica, querido lector, y vislumbrarás mejoras en tu estado anímico. Sí, son las bonanzas de la paciencia.

Sé organizado: Partes de esos estados turbulentos tienen su génesis en atarearnos demasiado con lo que sea: menesteres hogareños, trabajo, relaciones o cualquier otra cosa. Y no decimos con esto que no puedes realizar múltiples actividades, sino que te organices, que las administres bien, que haya una secuencia incluso teniendo en cuenta cansancio, día, hora, entre otras cuestiones. La buena organización de la vida conlleva tranquilidad, paciencia incluso frente a los peores problemas que siempre emergen.

Amanece media hora antes: Nos levantamos con celeridad, no vemos nada, nos cambiamos como podemos (tal vez comemos algo frugal) y salimos para el trabajo. En medio desorden, enojos, ofuscaciones por la ruptura entre el mundo onírico y la realidad siempre chocante ¿No podemos hacerlo de una manera mejor? ¿Eso no socava nuestra paciencia? Sí, y por eso te recomendamos levantarte media hora antes o lo que consideres pertinente. Siempre un añadido de temporalidad nos relaja, nos otorga parsimonia en el accionar que conlleva pensar, reflexión, hacer cada tarea en su justa medida.

Conoce tu cuerpo: Es importante conocerse uno, para saber capacidades, disposiciones, límites sobre todo. Es que el cuerpo está lleno de indicios para saber cuando las cosas ya no van bien. Si las pulsaciones son rápidas, las respiraciones agitadas o comienza la sudoración hay que detenerse. La sabiduría en estas cuestiones ayuda absolutamente en la obtención de la paciencia.

Date un descanso: No somos máquinas y eso está claro. De todas maneras, esa salvedad parece no tenerla en cuenta todas las personas que están atiborrados de mandatos y tareas. A veces es mejor descansar, aunque sea de manera breve, para poder seguir con más energías e ímpetu. Ni hablar si hablamos de ocios más prolongados, porque diremos lo mismo: son indispensables, por lo tanto, tómatelos cuando puedas.

Dale objetividad a lo que te molesta: Sabemos por lo general qué queremos y qué odiamos, cuáles cosas nos gustan y cuáles aborrecemos. Sin embargo, con eso no basta. Es como si fueran fantasmas tan internos que se pierden en nuestra imaginación ¿Cómo los convertimos en realidad? Muy simple: le debemos dar objetividad, independencia de nuestro ser. Y eso se hace, por ejemplo, escribiendo sobre lo que nos molesta, hablando en soliloquios interminables o conversando con una persona muy cara en la existencia. El primer paso de la resolución es no eludir y ver cara a cara el incordio.

Comprende al otro: Vivimos en un mundo donde hacemos la historia, aunque a veces ésta parece darnos la espalda por una sencilla razón: otros también la hacen. Si hay que convivir, si debemos ser gregarios, entonces la paciencia es una excelente aliada para ello. Sí, tal persona actúa mal con nosotros, no nos respeta, molesta, siempre tiene jornadas lóbregas que se las hace saber a sus prójimos ¿Qué hacemos para conversar la parsimonia y cordura? Bueno, sin llegar a límites exagerados, es importante conocer los motivos, tratar de ponerse en la piel del otro, practicar la empatía y probar de hablar si le hace bien a ese sujeto. Eso ayudará en tu mundo y en el de él.

Esperamos que estos consejos hayan sido de ayuda, querido lector.

 

 

 

 

 

 

 

 

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