Qué hacer para tener una buena concentración

Vivimos en un ambiente tecnológico que no se reduce a un artefacto, sino también a múltiples maneras y, paralelamente, se nos pide concentración en todas partes o la necesitamos. Resulta de gran contradicción porque lo primero es esparcimiento, divergencia, celeridad; y lo segundo es un haz que se reduce a un foco, un atender solo una cosa con los máximos cuidados ¿Qué solución podemos encontrar? ¿Cómo lograremos ser más efectivos pese a esta duplicidad comentada? Aquí te presentamos qué hacer para tener una buena concentración. Algo útil, fácil de aplicar y también de comunicar a cualquiera ¡No te pierdas esta importante nota!

Frente a un clima epocal donde los estímulos pueden venir de todas partes, tenemos dos corolarios evidentes: desarrollamos una suerte de hiperkinesia para responder a cada nódulo o nos volvemos en unos absolutos aburridos que no damos cuenta de nada. De todos modos, la concentración siempre está en peligro, sobre todo cuando no queremos pararnos en esos dos extremos tan desafiantes.

¿Pero cómo sostener la concentración? Entiéndase por ello a ese pensamiento fijo o medio tranquilo que hilvana sucesos, ideas, hechos, que va escalando peldaño a peldaño, también compréndase con tareas o lo que sea. Claramente la concentración se semeja a un foco, un meandro del cual no podemos salir, una suerte de anteponer tan claramente lo que hay que hacer que todo lo restante sobra ni cuenta con relieve alguno.

En la actualidad parece una tarea titánica ante tanto artefacto que nos demanda o que caemos, en pleno vicio, bajo sus garras. Por eso aquí te vamos a proponer una serie de sugerencias o consejos para que ayudes a tu concentración, la cuides, no la desdeñes y la sepas explotar. Porque ya sabemos que cualquier clase de productividad o buen resultado está asociado a ese estado del espíritu, de ahí la importancia. De todos modos, como siempre aseveramos, tú, querido lector, puedes emplazar tus propios métodos y compartirlos en la bandeja de comentarios. Aclaradas esas cuestiones, nos introducimos de lleno en el tópicos.

Qué hacer para tener una buena concentración

Aliméntate sano y descansa bien: Sí, comenzamos con el consejo más elemental, germinal a tal punto que parece irrisorio; pero no lo es. Ya sabemos que una mala alimentación y un peor descanso socavan cualquier conato de concentración ¿Y eso por qué? Muy simple: la concentración conlleva seriedad, esfuerzo, trabajo, caminos arduos y para eso es indispensable un fundamento fisiológico pertinente. No debe haber sueño, irritaciones, jaquecas, caídas de presiones, dolores estomacales o cuestiones por el estilo.

Comprende la ecuación de la concentración: Puede parecer un título curioso y, por eso, te lo explicaremos. De manera básica (porque hay personas que son una excepción) la concentración tiene un formalismo que da cuenta que para realizar algo, muy importante o que se debe hacer en el presente inmediato, se debe atender a eso y nada más. Piensa en tu vista y cuando te esfuerzas en focalizar ese pequeño árbol de un tupido bosque ¿Ves con preferencia la montaña distante? ¿Te percataste del vuelo de esa alondra? No, sólo mirabas el pequeño trozo de flora comentada.

Desprende lo sobrante: Casi como un consejo hermanado con el anterior, es de vital importancia hacer a un lado lo que ofusca, molesta, lo que sabemos que puede complicar el buen resultado de la tarea presente. Sí, sabemos que hay personas que pueden hacer muchas cosas a la vez, sin embargo los interrogaríamos para que nos contestaran si los corolarios de esas actividades son equivalentes en calidad a cuando sólo efectúan una. Seguramente no; por eso, comprende que la concentración es fijeza absoluta. Adiós a los celulares, amos y señores de lo disgregado; las llamadas, los anuncios, la comida, las tertulias o todo lo que vaya en segundo plano por lo menos en esos instantes.

Inicia con lo divertido: Una de los grandes pesares para la concentración es el aburrimiento. Por lo general, casi como regla, podemos anunciar que el sopor es su peor enemigo. Y sí: comenzamos a emprolijar mágicamente una carpeta, hacemos digresiones filosóficas, nos preguntamos en qué andará ese amigo de la infancia con el que perdimos comunicación hace muchos años; nos llenamos, en definitiva, de miles de tareas estúpidas para no hacer nada. Entonces, si te conoces, mejor principia con lo divertido, con aquello que se apodera de tu mente y te disgrega del resto. Muchas veces se crea un clima muy bello, enfocado, para luego continuar con menesteres menos entretenidos.

Piensa en el tiempo: El tiempo es negativo para la concentración si nos volvemos ávidos del reloj para que termine esa tarea necesaria y, sin embargo, tan soporífera. Pero ahora no nos referimos a ello: lo que queremos decir es que pienses en este para afrontar las tareas. Y eso porque tal vez a la mañana eres cien veces más productivo y menos divergente. Lo mismo a la tarde, la noche o lo que sea. Naturalmente que esta flexibilidad no es posible en cualquier empleo, pero como aquí estamos hablando de innumerables tareas que merezcas concentración (todo menester meridianamente sustantivo en la vida) el consejo pasa a ser sumamente útil.

Cumple objetivos: A lo lejos se vislumbra la montaña y ¡cuánta frustración, pereza que da! De todos modos, sabemos que si nos focalizamos en el paso a paso, en escalar peldaño a peldaño, el camino se vuelve menos tortuoso y todo se hace poco imposible. Bueno: ahora piensa eso con tus tareas diarias. A veces ayuda muchísimo a la concentración no anteponerse titánicas tareas, sino dividirlas, crear pequeños cismas a tal punto que queden miríadas de ellas. El objetivo pequeño da una meta escueta que sirve muchas veces como acicate para continuar.

Conócete a ti mismo: Parece un precepto filosófico y ciertamente lo es, porque digamos una gran verdad: la filosofía ha sido bañada en las aguas de la sabiduría inútil o muy abstrusa, aunque eso es una flagrante mentira. Para la concentración, por ejemplo, es excelente tener una radiografía de lo que es uno. Saber qué nos gusta, en qué horarios producimos más, ante qué ambientes nos movemos bien y en cuáles no, si trabajamos óptimos con presión o para nada, y miles de cosas más que podríamos añadir y tú, querido lector, seguro sabes.

Esgrime las mejoras para próximos desafíos: Hay un hecho que es ostensible: la concentración que es indispensable hoy lo será también mañana y hasta el último de nuestros días, por más que las tareas se transfiguren o pierdan rigurosidad. Hablamos de una herramienta que hacemos bien en pulir ya que utilizaremos toda la vida.  Por eso es bueno estimularse con los pequeños logros. Sabemos que nos cuesta concentrarnos, que somos sumamente dispersos, por lo tanto celebramos cuando soslayamos ese mal que tanto nos aqueja. El hombre suele estimularse ante la bondad o el éxito de sus hechuras, sobre todo cuando costaron muchos denuedos. Así que el resultado es evidente: poco a poco, te vas estimulando, consiguiendo nuevas metas, tal vez más complejas que las precedentes.

Cuidado con las distracciones: Muchos especialistas aprueban el distraerse cuando las tareas son sumamente difíciles o están pletóricas de presión. Recomiendan, por ejemplo, pasear un rato o utilizar un juego de celular en plena reunión vital. Aquí no compartimos esa escuela: si bien siempre es indispensable el alivio o el descanso, hacerlo paralelamente a la tarea sustantiva es un peligro que puede devenir en corolarios desastrosos. Acuérdate de esto: preferible descansos previos o posteriores antes que simultáneos.

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