Qué hacer para terminar bien el día

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Llegar a casa luego de una jornada laboral llena de obligaciones y responsabilidades ¿No tendría que ser un alivio? ¿No sentimos, aunque sea un poco, que el principio de realidad se muda al de placer? Y por más extraño que suene, sucede que no. Seguimos con estrés, arrastramos las problemáticas del trabajo, hay una hipersensibilidad que no se desconecta y todo eso, en conjunto, se convierte en un cóctel pésimo para vivir. Por eso aquí vamos a realizar lo que consideramos una breve cooperación, querido lector: te presentamos una serie de consejos para terminar el día del mejor modo. Una nota valiosa y sumamente fácil de aplicar en sus preceptos ¡No te la pierdas!

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Del blanco al negro, tendría que haber matices. De la manía a la depresión, lo mismo. Del enojo a las blanduras, igual. Uno podría poner mil ejemplos para representa en nuestro tópico del día una coyuntura: el cuerpo del trabajo hacia la casa. Es que parece que no basta con simplemente terminar la jornada laboral, ya que queda un rictus, una sobreexcitación, un cansancio estresante y cuestiones por el estilo ¿El resultado? No estar cómodos en casa. Terrible y horripilante paradoja.

Se ve que no nos gustan los matices o que nuestro cuerpo no lo sigue si no hay cierto trabajo mental y corporal. ¿Cómo buscar esa transición? ¿De qué manera internalizar el proceso? De un ambiente lleno de entuertos, exposición, resolución de problemas a otro tranquilo, de disposición de tiempo casi a placer. Un mundo entero de diferencia.

Aquí, entonces, te proponemos una serie de consejos para que sepas cómo terminar correctamente el día. Saber relajarte y disfrutar; cortar de manera definitiva con ese mundo gravoso que dejamos atrás. Debido a que sabemos que hay que recuperar el combustible para la flamante jornada siguiente, esto es muy importante. No tratamos ser exclusivos ni excluyentes, así que puedes añadir el método que quieras, lector. Dicho esto, manos a la obra.

Qué hacer para terminar bien el día

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Evalúa tus hábitos: Es bueno siempre ser una persona organizada, ya que no siempre nos hallamos seguros en el caos. Entonces un paso positivo para culminar bien el día es tener todo bien diagramado: horario de trabajo, de descanso, tiempo para el trato social, familiar, ocio en cualquier sentido, etc. Verás que sin ese torbellino de confusión llegarás más tranquilo a tu casa y propenso a terminar el día de una manera bella, disfrutando la jornada hasta el último instante.

Que haya una transición del trabajo a tu casa: Perón, presidente de renombre argentino, solía decir como lema de casa al trabajo y de trabajo a casa. Sin embargo, para este tópico vamos a decir que no. Lo más correcto es que haya un corte, que termina funcionando como transición. Pasar de trabajo a casa no conviene, ya que terminamos arrastrando un modo de ser no propio para el hogar. Así que siempre es bueno realizar un poco de ejercicio en un gimnasio, caminar un rato, visitar un amigo, realizar mandados o lo que esté a tu disposición.

Modifica tus atuendos: La ropa del trabajo no solo debe ser cambiada porque esté sucia, sudada o sea poco propensa a menesteres hogareños, sino porque justamente nos recuerda al mundo laboral. Parte de la ruptura tiene que ver con lo que llevamos puesto todo el día, así que sugerimos que esgrimas vestiduras más apropiadas para casa.

Bebe algo y come un poco: Quizás no eres de los que cena o, al contrario, perteneces al grupo de los que devoras todo en la nocturnidad. Bueno, antes que eso puedes comer algo pequeño, beber un vaso de agua o cualquier otra bebida sana. Te refresca no solo el cuerpo, sino la mente. Porque tal vez volvamos atareados, contestando aún llamadas y preocupándonos de las cuestiones no resueltas. Corta con eso, efectúa estos leves hábitos alimenticios y verás cómo se modifica tu enfoque. El mundo es otro si lo vislumbramos con ojos distintos.

Relajarse: ¿Qué entendemos por este vocablo? Relajarse es una frase que al pronunciarla sentimos algo en el cuerpo, porque es definitivamente una palabra anatómica, que pasa por la carne. Relajarse es dejarse llevar, terminar con cierta rigurosidad de mente y cuerpo, sentirse más liviano, un momento donde la levedad del ser no nos molesta sino que gusta (perdón a Kundera). Entonces no retomes algo pendiente del trabajo, sino lleva adelante este ritual que se puede circunscribir a leer un libro, ver un capítulo de la serie favorita, hablar con tu pareja, podar el jardín o contar las estrellas ¡Lo que te sirva! Y en todo caso luego vislumbras lo que debas revisar del trabajo.

Pondera la cena: Cualquier médico y nutricionista sopesa la cena no desde la comida solamente, sino desde el momento. Un instante que debe vivirse como tal, ya que podemos convertirnos en pequeños dispépticos. Entonces gocemos con el sabor,  el aroma, los colores, la textura del platillo; hablemos con la familia. Pensemos en esa cena y nada que la trascienda, como un programa de televisión o el trabajo, sobre todas las cosas.

Buena digestión: Cuidar nuestra fisiología es vital para tener un buen fin de jornada y un descanso reparador. Entonces la digestión es vital. Asegúrate siempre que lo que ingieras sea dos horas antes de dormir ¿Y mientras tanto? En ese lapso puedes ver una película, solazarte en el sillón con un té, un libro, departir, lo que sea. Cualquier cosa mientras sigas la premisa.

Ducha y sus variantes: Parte de volver reconfortante la vuelta corre bajo la responsabilidad de una buena ducha, que nos quita toda esa tensión de la jornada. Ni hablar si tenemos la suerte o el gusto de poder efectuar un baño de inmersión. En caso contrario, arreglarse el pelo, limpiar la piel, cortarse las uñas o sacarse el maquillaje sirve para que tu cuerpo se relaje y termine de adaptarse al nuevo ambiente. Uno muy distinto al de algunas horas atrás.

Desconexión: Seguramente este consejo sea el más difícil de cumplir. Es que nos gusta saber de todo el mundo y usamos el celular hasta para ir al baño. Pero si puedes déjalo, junto a tu ordenador tradicional. Que tu cuerpo sepa que todo lo que realizar en estos últimos instantes del día tiene que ser funcionales al acto supremo y vital: dormir. Porque bien sabemos que el mundo ahora puede esperar. Por lo menos hablamos de una intención, debido a que sabemos que si surge algún apremio ajeno deberás responder a este.

Abraza al sueño: Dar la bienvenida es un abrirse a algo desde el deseo, haciendo posible que ese encuentro sea. Entonces, dejemos todo lo que nos excite, enoje, ofusque o despierte. Por ejemplo, las grandes pantallas (sea de televisores, tablets o celulares) dan la impresión al cuerpo del día, sacándole el sueño. Lo mejor es meditar, leer, hacer algo que nos lleve poco a poco, son suavidad, al mundo onírico.

Aquí, entonces, te dejamos una serie de consejos para que termines de un modo idóneo tu día. Porque siempre queremos alguna pequeña recompensa, más si sabemos en el interior que hicimos las tareas. Descansar debe ser entonces un imperativo categórico insoslayables. Nunca lo olvides, querido lector ¡Hasta la próxima!

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