Qué hacer para no sufrir por amor

El amor es algo maravilloso por múltiples causas. Primero, porque lo hemos vivido y sabemos de qué se trata esa tesitura dulce, cándida, de embelesamiento donde nada puede salir mal si está el amado; segundo, porque desde pequeños nos lo han presentado como la cosa más positiva del mundo, capaz de hacernos abnegados, misericordiosos, amorosos, etc. Y, sin embargo, ¿por qué sufrimos? ¿A qué se debe que esas jornadas de campo apacibles pasen a ser lóbregas, oscuras y tortuosas? Evidentemente estamos ante dos caras de una misma moneda, ambas bien opuestas; pero partiendo del mismo sentimiento. Aquí nos abocaremos de la negativa, por eso te presentamos qué hacer para no sufrir por amor ¡No te lo pierdas!

El sufrimiento amoroso es un tópico casi insoslayable y a su vez sumamente dejado de lado. Lo primero ocurre porque casi todo el mundo ha sufrido por amor, sea el motivo que sea, que como se sabe pueden ser variopintos; lo segundo estriba en que suele costar hablar de lo que aún hiere; digamos que es una capa de protección, un no darle entidad a lo que no va más allá de nuestra alma.

Sin embargo, el amor nos hace sufrir, se puede volver un hecho luctuoso sobre todo si en esa alquimia hecha de a dos una de las partes comienza a actuar de manera deshonestar o tan solo por el hecho de que no funciona la pareja.

A continuación te demostraremos o llenaremos de sugerencias para que no sufras por amor. Este tópico existe tanto durante la relación como después, aunque trataremos de focalizarnos en el segundo estadío. Dicho eso, manos a la obra.

Qué hacer para no sufrir por amor

Durante una relación

Que tu ideal no venza la realidad: Este consejo es importante, elemental y muchas veces el verdadero catalizador del sufrimiento. Es que idealizar puede servir para mejorar, progresar, en cualquier aspecto de la vida; sin embargo, a veces las idealizaciones tienen un componente de irrealidad que hace tortuoso el nunca alcanzarlo. A eso hay que añadir que el otro es justamente un otro y quizás está bien, feliz, tal y como es. Por eso la aceptación, sin evitar las mejoras de una pareja, es un buen componente para no comenzar a sufrir por amor. También darse cuenta, discernir, qué es factible de perfectibilidad y qué no.

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Ten confianza en tu pareja: La sospecha también es otra gran enemiga de cualquier pareja, germinando una alimaña que termina corroyendo todo. “¿Qué estará haciendo?”, “Tardo unos minutos”, “No contesta los mensajes” y así podríamos seguir con esta retahila sin sentido. Y es precisamente su sin sentido lo que socava todo. Lo mejor siempre es esperar el buen accionar de la pareja, confiar ciegamente porque de eso se trata el amor en parte. Si no sabes hacerlo serás un alma en pena y, para colmo, no lograrás evitar nada. Es que si el otro quiere hacer de las suyas, su libertad es indómita.

Intenta negociar: Es bueno en una relación no ser obstinado, recalcitrante o, simplemente, egoísta. Justamente el amor se hace en nuestra civilización de a dos personas, cualquier vínculo amoroso une dos almas; por lo tanto la importancia radica en esa polarización. No es justicia imponer ideas, formas, maneras, rutinas, ya que eso constituiría un verdadero abuso que tarde o temprano despertará recriminaciones, lides o rupturas. Por lo tanto, es bueno escuchar al otro, amoldarse a sus apetencias de vez en cuando, que haya una negocación donde ambas partes ceden con placer, porque, en definitiva, el amor es burcar también la felicidad en la otredad o, mejor dicho, es ser feliz con la felicidad de la otredad.

Luego de una relación

No a las recriminaciones: Hay una tendencia humana de agrupar situaciones negativas que son absolutamente diferentes y considerar que de cara al futuro la moneda ya está echada. Sí, y eso sucede sobre todo en el amor. La persona que falló piensa que todo está decidido, que su destino es la soledad, que nadie nunca la va a querer, etc. No, en rigor de verdad la noción de destino en lo lóbrego no sirve, ya que nos predispone a una realidad que no tiene porqué ser así. Mejor pensar, con el tiempo si cuesta, que solo fue un mal trago, que no posees ninguna tara que te imposibilite al amor y darse tiempo para volver a creer.

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Cuidado con las construcciones culturales: Si es un hombre debe actuar, ser pura acción, dar el primer paso; si es una mujer debe esperar, pasividad en el cortejo, ser un mero recipiente y receptor. No, eso hay que dejarlo de lado totalmente porque son construcciones culturales que se vuelven contra ambos sexos. Lo mejor es ser libre en el buen sentido, arriesgarse cuando se siente así y no sufrir desmedidamente si salió mal el conato. El hecho de presuponer roles en las vinculaciones amorosas, potenciales y actuales, puede petrificar toda empresa de amor genuino.

Lecturas del pasado peligrosas: Así como comenzamos a pensar en un destino oscuro si nos sale mal las cosas en el amor, también analizamos retrospectivamente a partir del nuevo fracaso todo lo que nos ha salido pésimo en el pasado. Es una hermenéutica peligrosa y engañosa ¿Por qué? Porque en primer lugar pensar negativamente conlleva tristezas, incordios, llantos, sensaciones de pérdida, depresión, etc; segundo porque es una absoluta mentira; estás tan enojado y frustrado con lo actual que seguramente dejas de lado todo lo bueno que sí te ha dado el amor y que puede servir como acicate para seguir adelante.

Tamiza las opiniones ajenas: No queremos que sigas sufriendo por un amor que terminó, por lo tanto es medular que tamices las opiniones ajenas. Sí, un consejo puede servir siempre y cuando te haga bien; pero si las sugerencias son abundantes y todas conllevan regaños, dolores propios y sentimiento de perdición, entonces no valen tanto. No es fácil dar la palabra justa si no se ha estado sumido en el contexto amoroso, ergo, ten cuidado, no dejes que otros elijan por ti o cuestiones por el estilo.

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No ingreses en el ámbito de la toxicidad: Quedar prendido en el amor tiene muchas veces consecuencias nefastas. Pensemos que a veces proliferan los maltratos, los engaños, los pensamientos tan incordiosos que seguir viviendo se hace cuesta arriba. Por eso, si la relación terminó debes comprenderlo así; no es bueno ponerse la capa del héroe que intenta salvar algo que quizás no existió o que ya le pasó el momento. Recuerda, querido lector, que el amor es de a dos y si una persona no intenta realmente todo está perdido por más ganas, buenas intenciones y fuerza que dispongamos.

Comienza a amar tu soledad: Es un principio es doloroso y triste volver a la soledad, porque sentimos que nos convertimos en anónimos nuevamente y que perdimos mucho tiempo. Sin embargo, las heridas siempre sanan y, como dijo el gran Freud hace más de un siglo, el aparato psíquico siempre será hedonista. Ergo, lo que es un suplicio hoy mañana ya no lo será, encontrarás en tu soledad felicidad, regocijo, motivos para llenarte mejor de lo que suponías en el pasado.  Cuando nos empezamos a bastar solos hallamos el momento del soltar perfecto; hemos sanado.

 

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