Qué hacer para tener muchos amigos

El mundo es excesivamente variopinto: existen personas que le gustan las actividades deportivas, acérrimos lectores de libros, bellas durmientes, gustosos de las comidas, amigos de las salidas nocturnas, buenos platicadores, etc, miles de veces etc. Lo mismo podemos decir en cuanto a la interacción social: hay quienes la rehúyen, se sienten a sus anchas en las más profundas soledades porque tal vez, en el fondo, saben que con terceros hay mucho que negociar; sin embargo, también tenemos a otros que gozan de una buena compañía, que les duele estar abandonados a la vera del destino lejos de seres entrañables. Este posteo está dedicado a los últimos: qué hacer para tener muchos amigos.

Este artículo no planea introducir una suerte de naturaleza humana, inamovible, incorruptible, un esencialismo sui generis ¿Por qué lo recalcamos? Porque no es indispensable ser amistoso, tener muchos amigos, entre realidades similares; pero tal coyuntura no quita que hay muchos individuos que lo quieren y no pueden.

Podemos decir que existen muchas ventajas de tener amigos genuinos, de esos que perduran en el tiempo atravesando distintas tesituras. No nos encontramos solos, obtenemos consejos desde otras perspectivas, saboreamos de una manera diferente los momentos considerados bellos si estamos en grupo (por más que sea una díada), si nos sentimos apesadumbrados los dolores de cabeza existenciales pueden durar menos, etc.

Por eso, a continuación, esgrimiremos una serie de consejos para que puedas intentar tener una buena cantidad de amigos o por lo menos lo que tú consideres indispensables. Te darás cuenta que muchos estarán relacionados a una suerte de pulsión social, de salir de un armazón de individualidad que, por lo menos a ti que comulgas con tal escrito, no te está sirviendo. No somos excluyentes ni exclusivos por otro lado, así que puedes dejar tus comentarios, querido lector, para hablarnos de tus propios métodos.

Qué hacer para tener muchos amigos

 

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Adiós a las inseguridades: Al igual que en una conquista, sea hacia un hombre o una mujer, debes aprender a quererte, a tener fe en ti mismo. Aunque no lo creas, las inseguridades no solo se perciben en cada palabra, sino en cada gesto de tu complejo cuerpo. Aléjalas, entonces. No te sientas feo, poco atractivo para una charla, sempiternamente mal ataviado, etc. No, en rigor de verdad, debes pensar que eres el tipo o la tipa más interesante del mundo, sin ser jactancioso y anhelas que terceros conozcan tus lindas facetas humanas.

La lista para tus seguidores: El título puede llegar a confundir, pero solo estamos versando sobre las cualidades que un tercero, potencial amigo, puede valorar a ti. Si dudas de tu persona, no es malo hacer una lista con tus bondades. Es muy común, aunque no te hayas percatado de eso, que cuando refunfuñas ante tu mala suerte fraternal hagas un ejercicio similar “¿Pero si soy buena persona?”, aclamamos hacia dentro. Por lo tanto, enlista tu amistad, tu lealtad, tus grados de diversión, la inteligencia, la empatía, lo negociante que eres (en un sentido positivo), dejando de lado atributos superficiales como la belleza física o el dinero.

No seas negativo: En rigor de verdad, se puede vislumbrar que cada sugerencia se concatena a la otra de modo fuerte. Necesitas modificar tu modo de ser para ser atractivo en sentido lato a la gente. Nadie, por ejemplo, quiere estar al lado de una persona que ve todo mal, que siempre se queja, que ante cada situación más o menos complicada hace un mundo de rebeldías, excusas y enojos. No, en rigor de verdad ser amigo puede tener tintes de abnegación, pero luego de un largo proceso. En estos comienzos tu potencial amistad solo quiere alguien que lo haga feliz. En definitiva, en los inicios lo que domina la cercanidad o lejanía es la abundancia o no de hedonismo.

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No busques seres perfectos: En ese largo peregrinar que es la vida a veces tenemos la sensación que hay personas que esperar al ser perfecto a su lado, sea en el amor o en la amistad. Alguien que comulge de manera idónea, que supere todos los tamices y ponderaciones que realizamos con anterioridad. Pero, realmente, ¿valemos tanto? ¿Acaso nosotros no poseemos manchas, errores, equívocos, máculas de las más variadas? Claro que sí, por ende sería mejor que esperes en juzgar y des una oportunidad a quien el azar o una causalidad desconocida coloca frente a ti.

Olvida las camaraderías: Debemos comprender que estamos en la búsqueda de amigos, que estos son consejos para adaptarte y ser mas sociable. Por lo tanto, eso quiere decir que seguramente no existirán camaradería al principio; no busques siempre seres que tengan el mismo gusto musical que sigan al mismo artista o compartan idéntico posicionamiento político. Incluso, muchas veces, la riqueza proviene más del disento, de justamente no ser algo análogo a mi amigo. Asimismo, esto no quiere decir que ese submundo entre iguales o parecidos no se cree, pero es un proceso y lleva tiempo, por supuesto.

Sé genuino: En la amistad podemos sostener la siguiente premisa: es mejor ser transparente que traslúcido. Es que el segundo es un ser con dobleces, que oculta información por cuestiones de poder, que no quiere mostrarse débil en ningún momento, que sospecha de todos e incluso genera asechanzas, por eso no podemos ver a través de él. En cambio, el primero es lo que dice ser, es tan claro que sus acciones, dichos, formas y maneras lo delatan de una manera atroz, por lo menos frente a sus amistades porque lo considera correcto. Por lo tanto, sé de estos últimos ya que valorarán tu cercanía. Ser genuino es algo sumamente importante.

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Aprovecha las oportunidades: Las oportunidades poseen dos dimensiones: o nos vienen dadas o las creamos. Si tenemos la enorme suerte que pasa lo primero, mejor aprovecharlas. Por ejemplo, si estamos en una fiesta es bueno ser alegres, participativos sin asfixiar, mostrarnos dispuestos a entablar una conversación e incluso escuchar relatos que para el otro son importantes y a nosotros, a priori, pueden parecernos un tanto soporíferos.

Escudriña tu cuerpo: El solitario, en su mutismo, se recriminará: “¿Por qué estoy tan solo?”. Y en rigor de verdad, un ser inteligente intenta hallar el motivo de semejante desamparo. En ese sentido, es sustantivo ver qué lenguaje corporal comunicamos. No es bueno andar por la vida con el ceño fruncido, con el rostro excesivamente adutos, con los brazos cruzados, acorralado en algún rincón lejano, bien distanciado de los grandes eventos. Es darle un mensaje, en última instancia, de no, negativo a la persona que tal vez se quiera acercar a tu persona.

Practica ser sociable: Si hay algo cierto en esta vida es que no sabes de dónde o en dónde puede suscitarse la amistad. Ergo, practica el modo sociable: saluda a desconocidos, ten pláticas ligeras en los corrillos del trabajo o en la cola del banco, siempre manten una buena disposición y sonrisa ante esa masa informe que te rodea. Hablamos de una postura, un posicionamiento ante la vida que quizás no sirva con un ser en específico, pero creeme, querido lector, tarde o temprano rinde sus frutos. A veces es cuestión solo de tiempo.

Sé activo: Nadie quiere como amigo un andrajo o una planta rodadora que se la lleva el viento. Por lo tanto, si ya van muchas veces que la iniciativa la tiene el otro, sería bueno que la incorporaras a tu rutina. Y esto se traduce en proponer ideas, encuentros, aventuras, juegos, diversión, tertulias, comidas, lo que consideres pertinente.

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